# 65

(Itziar Burgués)

El confinamiento no es algo nuevo. No para todos. Marineros, capitanes y patrones,
pescadores, cocineros y observadores científicos viven confinados (y a veces hacinados) a bordo del barco donde trabajan, comen, se asean, duermen, se entretienen y también socializan (algunos).

 

La diferencia es que este confinamiento no es impuesto sino elegido, o bien por opción de trabajo y de vida o por necesidad… pero conscientes de la decisión de pasar tu tiempo confinados en un barco por cada campaña. En esa eslora y manga se contienen todas las actividades y bienes que van a existir durante el tiempo que se estará a bordo, lo demás es agua. No hay más, no hay a dónde salir a pasear, ni al encuentro de personas diferentes, ni a un bar o a un restaurante distinto, ni tienes alternativas de ocio que no hayas embarcado.
 

Conscientes de este confinamiento, no faltan los marineros que se preparan para el este tiempo comparando cantidades ingentes de tabaco y bebida (y nunca suficientes de chocolate), embarcando pesas y artilugios para mantenerse en forma, y cargando cajas (en plural) de libros y revistas, porque no, amigos, no, en medio del mar no hay internet y lo único que tienes para mirar ahí a fuera es un montón de agua.
 

No es lo mismo, pero es parecido.
 

Hay diferentes tipos de campañas, en la del Atún rojo del Mediterráneo, por ejemplo, se paga por días. Es decir, independientemente del trabajo que se haga a bordo, cada día adiciona un fijo a la cuenta final para cuando vuelvas a poner un pie en tierra firme y sientas ese dulce mareo de tierra.
 

Confinados, en medio del mar Mediterráneo en esta campaña, navegamos tan despacio que la brisa marina va más rápido que el barco, dando la sensación de que el barco está parado y de que hasta el tiempo se detiene. Algo está parado también para los que esperan tu regreso.
 

Te aburres, te mareas, te cansas, duermes, despiertas, comes, lees, miras el mar y todos los días parecen el mismo. Alguien pregunta ¿Cuántos días llevamos?, y cada uno da una respuesta diferente. Solo el libro de bitácora lo sabe con certeza.
 

En estos días de confinamiento, en los que tampoco nadie en casa acierta a saber cuántos días llevamos, me asomo a la ventana de mi casa en Madrid y cuando me da la brisa en la cara cierro los ojos y me imagino en la proa del “Pesgamar Primero”, navegando despacito sin destino ni final. Y sin conocer cuándo volveremos… Y, ¡¿qué importa?!, contestaba el Capitán. Si aquí hemos venido a hacer días, o ¿no?
 

Y eso es exactamente la vida, a veces.
 

#Undíamasesundíamenos

Itziar Burgués (foto + texto)

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