# 55 (Javier Romero Manero)

Hablamos

Madrid, España

Ya no se habla con los vecinos; antes, todo el mundo se conocía. Eso es lo que siempre había escuchado. La falta de contacto con el resto del vecindario que acusamos hoy en día quizás se acentúe aún más en los centros de las grandes ciudades, pero sucede en la mayor parte de los núcleos urbanos: es un rasgo identificativo de nuestras sociedades.

 

De esto estuve hablando ayer por la tarde, tras los aplausos, con Ana, con quien he descubierto que comparto inquietudes literarias y nos hemos intercambiado algún libro. Las salidas al balcón dan para mucho. Otras veces, de tantas en las salgo cada día a esa pequeña parcela abierta al cielo en la que se ha convertido mi balcón, el instinto voyeur se desata y puedo pasar ratos sondeando las ventanas al alcance de mi vista. Cuando alguien vocifera o pone música, ya sé de dónde viene. Sigo también con la mirada los veloces giros de los vencejos, que nunca dejan de volar, aunque solo aparezcan en las primeras hora de la mañana, las últimas de la tarde y en los días nublados pero sin lluvia.

 

El paso de la primavera, en el lento arco en el que transitan estos días encapsulados, estoy comprendiéndolo de verdad por vez primera. Es el primer año en el que soy consciente de que un día que amanece cubierto puede desgarrar sus nubes poco a poco y mostrarnos un azul limpio, o de que un sol bravo es posible que traiga con las horas una estampida de viento precursora de tormenta.

 

Cuando escribo estas líneas para luego compartirlas virtualmente con todos/as, el sol de las primeras horas ya se ha elevado por encima de los edificios más altos y en mi balcón siembra con luz una mañana optimista. Por la tarde volveré a hablar con Iván e Isabel, que enseñan matemáticas en un instituto y con los que comento series y películas. O con Elena, una artista audiovisual con gran talento; ya hemos hablado de hacernos el favor mutuo de ser canguros del gato del otro cuando estemos el fin de semana fuera. O comenzaré una nueva conversación con Kevin, que ayer me llamó desde su ventana mientras yo preparaba café tras la siesta, para contarme que había salido: -Me llamaron del ayuntamiento para llevar las cámaras, que el alcalde iba a hacer una retransmisión y no estaba el personal fijo. No veas qué sensación, los pasillos estaban a oscuras-. O con Lola, una mujer que siempre ha vivido aquí, que lleva en sus años la memoria colectiva de las historias del barrio.

 

En nuestra comunidad, si bien por una causa sobrevenida, parece que estamos cambiando.

Javier Romero Manero (foto + texto)

Instagram || Twitter || Facebook

© 2020 (días de confinamiento)

  • Blanco Icono de Instagram
  • Twitter Icono blanco
  • Blanca Facebook Icono