# 53

(Anónima)

Vete

a la mierda

Valencia, España

Hostia puta. No me jodas. No puede ser.

 

Está ahí.

 

No. No, no, no, no.

 

No puede ser.  ¿Cómo va a ser, Lucía? ¿Cómo va a ser?

 

Joder. Joder. Joder.

 

Lo que me faltaba, vamos, en esta cuarentena.

 

La madre que lo parió. ¿Qué coño hace ahí? A ver, ¿qué? 

 

Qué random todo, tío.

 

Si es que está superlejos. En plan, igual no es. Claro, igual ni es, y yo aquí atacada.

 

Jodeeeeeeeeeeeeer. Ufff. Me está mirando, eh. ¿Me está mirando?

 

Voy a por las gafas. Va a ser eso. Con lo cegata que estoy, bien podría ser el Valerio de Élite y yo ni catarme. No, peor: yo aquí rayándome pensando si es el otro.

 

Que no va a ser, nena.

 

Ya. Estamos en medio de una pandemia. Es imposible. Absolutamente imposible. No es él. Y punto.

 

Pero, por si acaso, voy a por las gafas, que, las lentillas, paso. Si total, para las pintas que llevo.

 

“Category is...” Reina de la cuarentena.

 

Si me viera Mama Ru con estas pintas y esta cara, me diría eso de que, si no te quieres a ti misma, cómo vas a querer a otro. Amén, hermana. Qué ganas tengo de salir ya y hacerme las uñas de gel. Me voy a poner de todo. Hasta cadenitas de esas to guapas que cuelgan. Te digo yo que las uñas de la Rosalía al lado de las mías van a ser discretas. Mira, de gafas nada, lentillas y un eyeliner más largo que el rabo de Jordi ENP me pienso hacer pero ya.

 

Qué bruta eres, la virgen.

 

Por si se ve.

 

¿Y si se ve? ¿Y si me ha visto? ¿Y si me ha visto?

 

Madre mía.

 

¿Estaré alucinando? En plan, son muchos días aquí to sola ya.

 

Ni que te hubieses comido unas setas, Lucía. Estás boba. Que no. Que una cosa es que estés hablando contigo misma en voz alta por toda la puta casa, y otra que tengas visiones.

 

Visiones... ¡Coño! ¿Y si la ha palmado y estoy viendo su fantasma? ¿Y a qué ton se me aparece a mí el capullo ese? ¿Eh? Además, me habría enterado si estuviese durmiendo la siesta más larga de su vida. Ja, ja.

 

Qué perra eres, puta.

 

Ja, ja, ja. Es que hay que ver lo que dormía, el tío.

 

Pues, si no estoy alucinando, no sé yo cómo puede ser esto. Es que, a ver, igual sí estoy flipándolo, aunque no me haya tomado nada. Esas cosas pasan. Y más después de tantos días asomada a este mismo balcón, con las mismas vistas, sin vida, que hasta le he puesto nombre a las palomas del barrio.

 

Y sin perreo.

 

Ay, la de tiempo que llevo yo sin pegarme una buena fiesta. Todo porque no quería malos rollos. Qué malos son los celos, chica, y qué ridículos.

 

Y tú qué gilipollas.

 

Ya ves. ¡Y tan gilipollas! Pues... la última vez sería...

 

¿El cumpleaños de Javi?

 

Sí. Sí, sí. Que yo no quería, eh. Es que me liaron.

 

Y menos mal, bonita.

 

Sí, tía. Qué bien nos lo pasamos. Si nos llegan a decir que en apenas unos días íbamos a tener que encerrarnos a cal y canto... Todos en nuestras casas, en plan presos modernos. La ciudad se ha convertido en nuestra cárcel, tía, y nuestros pisos en nuestras celdas.

 

Qué cosas.

 

Una, dos, tres, cuatro, cinco... veintiocho, veintinueve, treinta balconcitos en filas, el uno al lado del otro, y el otro encima de ese, y ese enfrente de aquel. Si hasta tienen barrotes, tú. Y a las 20 horas, al patio. Aplauso, Resistiré...

 

¡Qué pesadito el vecino ese!

 

 ...la Tusa...

 

Ese sí es un temazo.

 

...el mejor momento del día, de hecho. Y adentro hasta el día siguiente. Como la trena.

 

Bueno, oye, que tenemos Internet.

 

Sí, tenemos Netflix, Spotify, Youtube, TikTok, Instagram, Facebook…

 

Si tienes más de treinta... Ja, ja.

 

…Instagram, WhatsApp, Skype, el Houseparty…

 

Qué putas risas el otro día con la Ana.

 

Y el Twitter, Pinterest, Snapchat, Skype...

 

Y el Tinder.

 

Sí, para Tinder estoy yo ahora, nena.

 

Pues lo está petando, ¿sabes? Ahora, durante el confinamiento.

 

Eso dicen. Si es que luego nos las damos de seres superiores, pero somos como mandriles. Como mandriles con teléfono móvil y datos. Porque dime tú a mí si no dice mucho de nosotros que, en medio de una pandemia, en lo que pensemos sea en frotarnos bien fuerte los unos con los otros cuando todo acabe.

 

En follar, vamos, en follar como mandriles.

 

Y mientras tanto, send nudes.

 

En la tele dicen que habrá un baby boom dentro de nueve meses.

 

De los que están dentro con sus parejas, claro.

 

Porque los otros... como que no. Esos, como yo, a darle al joystick de los orgasmos.

 

Últimamente pienso mucho en los gusanos de seda que tuve en 5.º de primaria; por la situación que vivimos.

 

Ya. Son remordimientos.

 

Los cogí de una morera con mi padre...

 

Uy, fíjate, tú haciendo cosas con el viejo.

 

...y los metí en una caja de zapatos. De zapatillas, en realidad. Recuerdo que había sido mi cumpleaños y me habían regalado mis primeras Nike.

 

Ella, diva deportista con grandes marcas.

 

Más contenta que me puse... Total, que allí que metimos a los pobres gusanos. Cinco eran. Porque en mi clase otro niño había tenido y eso sí fue un baby boom, ja, ja. Así que, yo, cinco solo. Unos agujericos en la caja para que entrara aire, hojitas para que comieran y ya. Yo creía que los quería mucho, porque venía del cole cada día deseando verlos y me encargaba de ir a por su comida y de limpiarles la caja de las Nike.

 

Pero eso no es amor.

 

Eso no es amor, tía. No. Cuando quieres a alguien, de verdad, cuando entiendes lo que es el amor, no haces eso.

 

Bueno, bueno, bueno... que se nos pone intensita.

 

Ya. Me estoy poniendo de un cursi, nena, que qué asco me estoy dando.

 

Nos estás dando.

 

Pero es que es cierto. El amor es libertad. Yo lo aprendí ahí, con mis gusanos.

 

Sí, sí. ¿Con tus ex, dices?

 

Qué graciosa... También. El caso es que, a mis cinco gusanos de seda, todas las tardes los sacaba de su caja un rato...

 

Como cuando nosotras salimos al balcón.

 

Pues igualito. Si es que por eso me acuerdo tanto de ellos ahora...

 

Y por los remordimientos, no te jode.

 

...y me los ponía por las manos. Y ellos reptaban por mis brazos. Un día me di cuenta del poco espacio que tenían en la caja...

 

Total. Que calzarías un 35, como mucho.  

 

En plan, la caja era superpequeña, sí. Coño, normal que reptaran como locos cuando podían. Yo les había privado de su libertad porque sí.

 

Y de ahí tu mala conciencia.

 

Ese día, le pedí a mi padre que me llevara a la morera de donde los habíamos cogido y los devolví uno a uno. Y menuda llorera pillé. Qué difícil es querer bien, joder.

 

Y que lo digas.

 

Si alguien te quiere, no te hace llorar, como dice el refrán; si te quieren, le piden al DJ por sorpresa la última del Bad Bunny, para que puedas perrear en medio de la pista y gozarlo.

 

Y orgullosos.

 

El problema es que, bajo esas ganas de comer rabo todavía, muchas solo buscan... bueno, buscamos validación. Así andamos luego, fingiendo orgasmos en el año 2020 para no herir egos y pollas frágiles.

 

Pues sí. Tal cual.

 

Pues no. No tiene que ser así. Ojo, eh, que hay que follar, pero bien también. Esto es como lo de quererse. También te digo que, para mí, que hay mucho fantasma en todo esto. Que aquí para perra yo, y las ganas de que me empotren son tremendas, pero no me creo que, de repente, nadie haya pasado un mes sin hacerlo.

 

Ya. No cuela.

 

Además, ni que no tuviesen manos, porque yo sí.

 

Manos, y a tu Pepe. El Pepito.

 

Ese sí que no me falla... mientras tenga batería.

 

No como otros.

 

Joder. ¿Sería él?

 

Pesada.

 

De todas formas, es que, precisamente en estos días, no te creas que tengo muchas ganas de jarana. Se ve que voy a contracorriente. Pero una se pone a pensar y... Por eso me da tanta rabia haberlo visto.

 

Si es que lo hemos visto.

 

Igual tengo fiebre y es un delirio, que el otro día una youtuber estaba diciendo que eso pasa. A ver... No, no me noto caliente. Menos mal, porque solo me faltaba ahora estar enferma. Ojalá pase todo esto pronto...

 

Me da a mí que...

 

Qué bien me ha quedado el eyeliner, coño.

 

Bien largo, sí.

 

Nena, el eyeliner hasta el cielo, y el perreo hasta el suelo. JA, JA, JA. Me meo. Ay, pues me veo guapa. Si es que tengo que arreglarme, aunque sea para salir al balcón o para hacer la rutina de la Cindy Crawford y la Jane Fonda en el Youtube. A veces no la entiendo siquiera, eh, pero es que esos vídeos con esos outfits y esa música son crema, tía.

 

No, si lo das todo: “forward and back, cha-cha-cha; forward and back, cha-cha-cha...”.

 

«Idiomas, querida».

 

La Aramís, la puta ama.

 

Yo es que me parto cuando hacen el gritito ese a lo vaquero de peli de La Uno que veía el abuelo siempre los sábados por la tarde. Pues, a partir de ahora, me pienso arreglar, oye. Y van a caer unas cuantas stories.

 

Pero sin pasarse, Lucía. Que la peñita está muy pesada con eso de subir cada puta flexión que hace. Qué necesidad habrá...

 

¿Y qué necesidad habrá de que venga este a tocarme las narices ahora? ¿Querrá decirme algo?

 

Sí, a lo Love actually, con cartelitos moñas y creepy que flipas... Pero desde el puto balcón de enfrente, que está tan lejos que ni siquiera se sabe si es él, para empezar. Anda, anda... A ver, Lucía, no te montes películas, que para eso sí que no necesitas ni un empujoncito.

 

Cierto. Además, ¿y qué más da eso? ¿Acaso importa? N        o. A ver si llevo media hora dándome una turra de la hostia para nada. Qué coño. Soy yo quien tiene que decirle algo.

 

Y lo sabes.

 

Claro. Pues claro. Eso es. ¿Sabes lo que te digo? Que me voy para el balcón. Y en lugar de hablar contigo, o sea, conmigo, vamos... Pues que, en lugar de hablar sola como una tarada, voy a hablar con él. Por si acaso es él.

 

Por si acaso.

 

Míralo.

 

Se va a enterar. Como me llamo Lucía que se va a enterar.

 

Uno..., dos... y...

 

¡Tres!

 

 

 

 

¡VETE A LA MIERDAAAAAAAAAAAA!  ¡VETE A LA MIERDAAAAAAAAAAAA!

 

 

 

 

Qué a gusto me he quedado, coño. Pues, al final, era eso lo que me hacía falta en esta cuarentena, sí.

 

Hostia puta. No me jodas. No puede ser.

 

Ya no está.

Anónima (foto + texto)

© 2020 (días de confinamiento)

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