# 28

(Sara

Monge))

Fuubutsushi: del japonés (…) sensaciones que anticipan una estación o evocan recuerdos.

 

Como la ligera cadencia con la que tu aroma impregna el cosmos. Libre. Descalza. Bailando entre  las curvas del universo con ese descaro propio de las cosas que permanecen.

 

Todos se han vuelto locos. Quería mudarme a la capital a finales de mes y, sin embargo, voy a quedarme un tiempo más aquí. El miedo se ha adueñado de las calles. Ojalá fuera otra de mis fantasías, pero lo cierto es que esta distopía cada día se hace más real. Todos aguardan en sus casas bajo la promesa virtual de proximidad. Bajo la promesa de que todo acabará pronto. Lo mismo que decían hace un mes. Lo mismo que escucho continuamente en mi cabeza.

 

La verdad es que mi vida se está convirtiendo en un gran recuerdo grabado en Super 8. Las imágenes se superponen unas a otras, saltando con la ligereza exacta de quien rebobina una y otra vez. Intento retener cada ápice de luz que formaba la gama cromática de tus líneas y formas. Todas y cada una de ellas flotan sin un patrón definido en el polvo que se cuela por la ventana. Van y vienen, como todo en general.

 

A veces me invaden en el ademán de un ensimismamiento, arrastrándome hacia ese laberinto tuyo en el que, te lo reconozco, me perdía con todas mis fuerzas. Otras me sorprendo añorándote en silencio. Así, sin más. Sin una poética que justifique. Así como eres tú. Injustificable.

 

¿Te has percatado de lo rápido que viajan las nubes? A media tarde subo a la terraza y las observo desde una horizontalidad auto impuesta. Grandes bloques de algodón condensados en siluetas de todo tipo que aparecen y desaparecen. Que se abrazan y se marchan. Que se llenan de anhelo. Es uno de los momentos del día en que todo parece mejorar. Y no te creas, puedo pasarme horas contemplándolas.

 

Es entonces cuando me escapo a la iridiscencia de esos matices tuyos que escondes bajo terciopelo. Al susurro de la noche desnudo en tu espalda. Al dulce contratiempo de la elocuencia que te guardas. Al alba que te acuna en sorbitos de cielo.

 

Es, entonces, cuando sin beber te bebo. Como si el rocío te imantara en la estela de un sueño, y soñarte sin soñar fuera la caricia furtiva que se mece en el empeño de un verso.

 

Como si soñarte, fuera primavera.

Como si de primavera se descalzaran tus ojos.

Como si de tus ojos se columpiaran estrellas.

Como si de estrellas se uniera el cosmos.

Como si de cosmos se impregnara tu aroma.

 

Y de tu aroma,

el descaro,

propio,

de los inviernos,

que queman.

Sara Monge (foto + texto)

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