# 25

(Miriam

Gómez

García)

En esta cuarentena estoy viendo más a mis vecinos y, casi sin hablar con ellos, es como si les conociera de hace tiempo.

Cuando todo empezó solo les intuía, veía sus figuras en la noche asomadas a las ventanas y a los balcones.

Pero entonces cambiaron la hora y empezamos a ponernos cara.

Está el matrimonio del centro a la izquierda, que son unos salaos porque cuando el de arriba pone música, si les gusta mucho, se marcan un baile animado.

También están los hermanos del medio, que digo yo que son hermanos porque se parecen... Pero vete tú a saber. Ellos salen con una sonrisa de oreja a oreja y cuando se van saludan muy efusivamente a los vecinos de enfrente.

Luego están también todas las señoras mayores distribuidas por el edificio, que viven solas y se nota que ese ratito del día, en el que nos ven a todos alegres y aplaudiendo a los que están dando la cara, les da la vida.

Están las de arriba, que yo no las veo pero siempre tienen algún vítore hacia los sanitarios al que nosotros contestamos sin dudar: ¡VIVA!

El del bajo, que a mí personalmente me hace mucha gracia porque siempre que sale se asoma al balcón de al lado en busca de su vecina. A veces me da cosa porque pienso que se va a caer por asomarse demasiado.

La vecina de arriba, la entusiasta la llamo yo, que vive tan arriba que claro debe tener una visión muy global del barrio y siempre saluda con mucho empeño a los del bloque de enfrente... Y a los de más allá también.

Y cómo no, el vecino que pone la música todos los días. Saca su superaltavoz y nos ameniza esos quince minutos que pasamos juntos.

Es curioso, llevo casi dos años viviendo aquí y ahora es cuando estoy conociendo a mis vecinos.

Miriam Gómez García (foto + texto)

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