# 21

(Gerardo

F. Cottle)

Bisagras

Esta cocina está más silenciosa que de costumbre. La puerta de la entrada no se ha abierto en días. Es la hora del desayuno y todavía no han recogido los restos de la cena de ayer. No está sucia, más bien desordenada, como dejada al no haber ninguna prisa para que estén las cosas en su sitio.

 

Entra Asier frotándose los ojos. Abre el frigorífico y saca una botella de leche. Se sienta a la mesa y mira al frente. Hay un calendario que ha quedado en el mes pasado y piensa en que ni se ha dado cuenta, ni tampoco le ha importado. (Los últimos días han propiciado la reflexión y la revisión de cómo se encuentra. De manera inevitable, ha tenido el tiempo de hacer, consciente o inconscientemente, un balance que determinará decisiones sobre sus hábitos, ritmos o tareas una vez se recobre la normalidad. Espero que sea para bien).

 

Asier pega un respingo al escuchar un sonido que nunca había oído antes. Se lleva la mano al bolsillo y saca su teléfono. Está recibiendo una videollamada a través de una aplicación que no sabía que tenía instalada. Asier se levanta, descuelga la llamada sonriente y se acerca a mí. (Parece que la situación trastocará la forma de relacionarse y comunicarse. No ya para acercar más a familiares y amigos, que también puede ser, sino para valorar mejor a los desconocidos. Ojalá sean formas más solidarias y humanas, conscientes de que estamos todos conectados).

 

He dejado de verle a él para ver el camino de tierra que está al otro lado de la pared, en la calle. Se oye el ruido del motor de un coche. Aparece por la derecha, levantando mucho polvo, un vehículo grande y oscuro, de los que llaman la atención y te hacen pensar quién está dentro. Los cristales ahumados no dejan ver que la alcaldesa Milagros está sentada en el asiento de atrás. Por la hora, debe ir camino a su despacho, ya que su trabajo está catalogado como esencial. (Deseo que esta situación cambie la manera en que organizan las vidas quienes tienen el poder, como Milagros. Sobre todo, deseo que estos días sirvan de recordatorio a la sociedad entera de que el objetivo del juego democrático es convivir y que la comunidad esté bien, y no solo quienes participan con ventaja).

 

Un ruido chirriante me retuerce. Y nace de mí misma. Soy la bisagrade la ventana de madera que hay en la cocina. Siento la mano de Asier que me roza como una caricia. Siempre me ha inspirado confianza. Las miradas de Asier y Milagros se cruzan, aunque ninguno de ellos se ha dado cuenta. Lo que sí que ambos perciben es que algo está cambiando, y están planteándose si deben darle importancia o dejarlo pasar. (Aprovechad la ocasión. Cuando superéis, que lo haréis, aquello que estéis sufriendo, dejad que se abra una ventana completamente diferente, asombrosa y, sobre todo, que nos haga sonreír).

 

* El libro ¡Salva al gato!, de Blake Snyder, trata sobre cómo organizar, revisar y vender guiones cinematográficos. En uno de sus capítulos habla del concepto bisagra como esas páginas en las que ocurre una escena que determina el paso de un acto a otro. Me imagino los días extraños de este aislamiento que estamos viviendo como la bisagra de nuestro tiempo, intermediando entre dos actos que cambiarán el curso de nuestra historia.

Gerardo F. Cottle (texto)

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