# 15

(Francisco García Crespo)

Me imagino a la Mayor tranquila, sentada en el sofá, viendo la tele con la sensación de quien no está realmente viendo lo que hay sino usando la imagen para tener un sitio donde poder dejar aparcada la vista, mientras bucea a gusto en sus pensamientos. El chándal amarillo le da el calorcito suficiente que sólo saben dar los lugares que son hogar, y ella, que entiende mejor que sus hermanos el paso del tiempo, sabe que todo es cuestión de rellenar las horas con cosas que guste hacer.  


— Mamá, ya va a ser la hora.  


Me imagino a la Mediana ansiosa, en un devenir constante a la cocina, la habitación, el salón, de vuelta a la cocina, y de vuelta otra vez al salón, cambiando constantemente de utensilios, buscando qué puede hacer más ruido sin llegar a quebrantar la paciencia de mamá. El momento que está por llegar se ha convertido en su favorito en estos días plagados de deberes que no acaba de entender, de juegos con su hermana mayor y de aburrimiento ocultado a través de machacar las mismas películas de Disney en la plataforma que comparten con los primos. 


— Mamá, ¿hoy puedo usar la cacerola de metal? ¡Te prometo que le doy flojito flojito! 


Y me imagino al Pequeño deambulando por la casa persiguiendo silenciosamente a su hermana Mediana, sin realmente entender por qué está nerviosa pero sin pensarlo demasiado, con la fe ciega que da la confianza en una hermana, sabiendo que si la sigue algo divertido, ruidoso o colorido va a pasar pronto. O las tres cosas a la vez. Total, si para él son lo mismo.  


Y la hora, como todos los días, inexorablemente llega. Sin necesidad de llamarse, se arremolinan todos en torno a la ventana del salón, en fila, con un orden descendente por altura que al principio fue espontánea pero que ahora se ha tornado en férrea costumbre. Y cuando empieza la algarabía en las casas de enfrente, los tres hermanitos rompen a aplaudir y a hacer ruido con todas sus ganas. Saludan a los vecinos de enfrente, sonríen, disfrutan y viven el momento con ganas, siendo conscientes de lo que ocurre a su alrededor pero sin llegar a ver las trascendencia del momento. Bendita ignorancia.  


Y su Madre, apartada ligeramente por sí misma de la fiesta, observa el momento con una mezcla de orgullo por sus tres hijos y melancolía por el que no está, ya que hoy también tenía que ir al turno de tarde. Y sonríe, preguntándose cómo el momento más ruidoso del día es el que le aporta más paz, mientras pide que todo pase más rápido de lo que se pueden pasar unas vacaciones. 


Y mientras cierro la ventana para continuar con mi vida después de las 20.00, les miro y me pregunto cómo puede haber un mundo de distancia y de vida en una distancia tan corta, de mi noveno a su cuarto.


Y me imagino a la Mediana preguntando ansiosa:


— Mamá, ¿el cambio de hora de hoy es para que mañana llegue antes o después? Porque yo quiero que llegue ya.

Francisco García Crespo (foto + texto)

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